Al final.

El dolor ha llegado a mí, sin saber como manejarlo, me tocó y me tocó con fuerza. No sé como luchar con esto, con estas emociones, con estos pensamientos, entre la espada y la pared. Paso noches de insomnio o simplemente llorando, la habitación se me cae encima, la casa me ahoga, pero la calle me agobia, se me queda grande.

Estoy perdido, sin rumbo, sin herramientas y sin guía, no sé como seguir, ni a donde llegaré, mi mente vive una lucha continua entre lo que quiero hacer y lo que puedo hacer, las heridas que esto me está causando son profundas, está siendo muy duro.

Eso sí, una pequeña luz brilló hace poco, y una vez más, me has hecho ver que estás aquí, estando entre la espada y la pared me diste una señal que tanto te pedí, y como a San Benito, la Cruz me salvó. Lo que pasa baja el cielo solo sabes tú cual será la razón, pero al menos, en este caos que llevo en mi interior, una pequeña luz se hizo para dejarte entrar, darte mi mano de nuevo ciegamente y dejarme guiar por ti, sabiendo que esto es parte de un propósito y que algo mejor vendrá.

Mi confianza descansa sobre ti Señor.

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